¿Cueste lo que cueste? El precio que hay que pagar por un concierto en Chile.

Describir el entramado de factores y razones que podrían llevarnos a explicar de alguna manera -que suene coherente o lógica- el por qué de los altos precios actuales de las entradas a recitales en nuestro país, ciertamente no es tarea fácil. Por lo mismo, en esta ocasión he intentado pensar en el tema desde múltiples perspectivas, considerando no sólo mis propias convicciones, sino además tratando de abrirme a otros puntos de vista al respecto. Lo que aquí escribo hoy, por tanto, es producto de la consideración de todo aquello (y tal vez más).

Si queremos hablar de este tema con cierta altura de miras, se hace preciso remontarnos unas décadas atrás. Durante los años ’70 y ’80, durante la dictadura militar,  en Chile prácticamente el único espacio musical masivo que era permitido (aunque intervenido también) era el Festival de Viña del Mar. Política restrictiva, cultura restringida.

No es sino hasta fines de los ’80 que nuevamente se abre espacio en Chile a los grandes recitales masivos, más precisamente en 1989 con el recital de Rod Stewart en el Estadio Nacional. De aquí en más, las fronteras culturales de nuestro país vuelven a abrirse, y es así que es cada vez más común que vengan grandes artistas internacionales, llegando a contar con números imponentes como Guns ‘N Roses, Michael Jackson e inclusive el recordado concierto de Amnistía Internacional que se llevó a cabo en 1990, con nombres como Sting, Peter Gabriel, Rubén Blades, además de New Kids On The Block, entre otros.

Tickets para Michael Jackson en Chile, año ’93. Eran hasta más bonitos…

Con el pasar del tiempo se hicieron cada vez más recurrentes los  espectáculos musicales a nuestro país, teniendo marcos de público cada vez más grandes -y de paso fidelizando consumidores-, lo cual llevó a que, a pesar de que los precios de las entradas fueran subiendo exponencialmente, seguía ahí habiendo un consumo que se mantenía, fenómeno en el cual se fijaron algunos visionarios que pusieron productoras y que hoy en día son millonarios gracias a este lucrativo negocio.

Evidentemente, los precios de los espectáculos de ese entonces distan muchísimo de lo que se da actualmente, pero la pregunta es ¿y qué objeto de consumo hoy no es más caro que hace 20 años? Ninguno. Recuerdo cuando era chica y con 100 pesos hacía milagros y compraba muuuuuchos dulces; hoy en día con cuea 5 dulces todos cagones y quedas debiendo. Un ejemplo sencillo, pero decidor. Hay que pensar en la misma escala prácticamente todos los bienes de consumo: la vida hoy en día es más cara que antes, por ende los precios de los recitales no pueden ser los mismos.

Pero está claro que algo huele mal en los precios a recitales hoy en día en Chile. Pienso en la cantidad de gente que reclama por internet, pienso comparativamente en los precios de los recitales en nuestros países vecinos, y se me vienen a la cabeza un montón de dudas. Porque si han aumentado los precios es porque hay público interesado, público que es capaz de pagar por 2 horas de show lo que una familia chilena gana en un mes, o tal vez más.

Si pensamos en posibilitadores que expliquen el aumento sostenido del interés de los chilenos por estos espectáculos, yo apuntaría a dos factores clave: lo económico y lo cultural.

Los chilenos tenemos mayor poder adquisitivo que antes, dijo este cabro. Lo que no detalla es de qué tipo es este poder adquisitivo extra. Porque no es que ahora ganemos mucha más plata que antes. El sueldo mínimo, por ejemplo, ha tenido variaciones que para muchos son hasta una burla, en consideración a cómo se ha encarecido el nivel de vida en nuestro país en las últimas décadas. Y las diferencias en la repartición de la riqueza siguen siendo básicamente las mismas: tenemos uno de los coeficiente de Gini más altos del mundo.

Por ende, si queremos hablar de mayor poder adquisitivo, es imposible que nos refiramos a dinero “real”, sino que estamos hablando básicamente de poder de endeudamiento. Porque la capacidad de endeudarnos de los chilenos sí que ha crecido de manera monstruosa y sostenida en el último tiempo. Ni siquiera tenemos certeza sobre si vamos a poder pagar todas las deudas, pero es más importante la posibilidad de consumir aquí y ahora, y lo demás ya se verá en el camino.

Es por ello que, en relación a los conciertos masivos en Chile, las empresas de venta de tickets empezaron a asociarse ya no sólo a las clásicas tarjetas de débito (Visa), sino además a las hoy en día tan comunes tarjetas de crédito, lo que permite pagar por internet o presencialmente con tarjetas de grandes casas comerciales (pues esas tarjetas son accesibles a prácticamente cualquier persona, incluso a estudiantes sin trabajo, lo cual no tiene sentido pero así es), para así hacer más accesible al grueso de la población algo que, de otro modo, sería realmente restrictivo ni siquiera de la clase media hacia arriba, sino de frentón únicamente a la clase alta.

Culturalmente hablando, a su vez, podemos indicar que coexisten dos fenómenos interesantes: 1) El interés sostenido por el consumo cultural de los chilenos; y 2) El cómo se utilizan este tipo de espectáculos a modo de diferenciador social.

En primer lugar, con el paso de los años los chilenos hemos ido invirtiendo cada vez más en consumo cultural, y no sólo dinero, sino además tiempo. La gente no sólo es capaz de hacer sacrificios monetarios en pos de ciertos consumos culturales (comprar libros -aunque sean piratas, igual pagan por ellos-, ir al cine, ir al teatro, ir a recitales de música, etc.), sino que además cuando se les presenta alguna actividad gratuita se logra captar su atención y realizar eventos que incluso se constituyen como auténticos fenómenos mediáticos (La Muñeca Gigante , los Carnavales Culturales de Valparaíso o la locura de las entradas a Ennio Morricone en el 2008, por mencionar sólo algunos). Y cuando veo ese tipo de manifestaciones, me quedo con la sensación de que la gente quiere consumir más cultura, pero también que hay una restricción en tiempo y dinero que hace que se encuentren con una piedra de tope (tiempo, porque para ganar sueldos miserables trabajan demasiadas horas; dinero, porque el endeudamiento también tiene un límite).

En segundo lugar, el cómo se utilizan puntualmente los recitales como diferenciador social es un punto delicado y sensible a tratar, pero también muy relevante. Tiempo atrás conversaba con un amigo a propósito de esta entrevista, y la verdad es que mi reacción inicial fue la misma que la del 99% de la gente que la lee: que el gerente de T4F es un cara de raja. Y de hecho, lo es, porque para hablar con esa simpleza y desparpajo de algo que todo el mundo barre debajo de la alfombra, hay que ser efectivamente un… cara de raja.

Pero tampoco es tan descabellado pensar en el consumo de espectáculos masivos en estos términos, en el entendido de que hoy en día consumimos muchos productos y marcas precisamente por el estatus asociado a ese consumo, entonces no veo por qué el caso de los recitales tenga que ser distinto.

Pensemos un segundo en nuestra idiosincracia y abramos un poquito nuestra capacidad de reflexión, porque hasta a mí, que en un principio me parecían una burla enorme hacia la gente que consumimos asiduamente este tipo de espectáculos las declaraciones del señor Goñi, ahora último les he dado una segunda vuelta y… no me parecen TAN alejadas de la realidad como pensé inicialmente.

En Chile, lamentablemente, aún siguen siendo estandartes el clasismo y el esnobismo. No sólo son inferiores los que tienen menos dinero, sino que además todo lo que venga de afuera, especialmente desde EEUU y Europa, es de mejor calidad per sé que cualquier cosa que pueda ser producida acá. Este último punto explicaría el por qué nos cuesta tanto desembolsar una suma “decente” (en relación a los precios de espectáculos internacionales) para ver a nuestros grupos locales pero corremos a endeudarnos en varias cuotas con tal de ver al extranjero. Ciertamente también influye el hecho de que sean extranjeros y que, por lo mismo, no toquen tan seguido en nuestro país, pero también hay grupos nacionales que se han ido a radicar al extranjero, y si vuelven y cobran una entrada de 10 lucas (mísero en comparación con lo que pagamos por ver a un extranjero), entonces los hueones se pasaron a caca, se creyeron el cuento y merecen la hoguera.

De igual forma, hay algo que el gerente de T4F pasa por alto conveniente y olímpicamente: que el negocio de las entradas en Chile no tiene regulación, y que funciona como un oligopolio, es decir, hay pocas empresas que son las que dan el servicio (las productoras), y por ende ellas tienen el control para decidir cuáles son más o menos los “precios de mercado” de este tipo de espectáculos. En otras palabras, yo plantearía la legítima inquietud de si acaso las productoras no se han coludido (así como pasó con las farmacias, ¿lo recuerdan?) para fijar precios más o menos estándar para todos los espectáculos, cosa que no cause horror que una productora se caracterice por tener precios excesivamente más altos que las otras, inflando artificialmente los precios. ¿Es una duda válida, no? Y eso básicamente porque las productoras manejan la información sobre sus costos de operación y las utilidades que obtienen más bien dentro del misterio, dando pie por ende a la especulación.

Han dicho, por ejemplo, que los precios de las entradas en Argentina son más baratos porque allá hay más público. Técnicamente, tienen una mayor cantidad de habitantes, pero me pregunto ¿y si los recitales acá fuesen más baratos, por lógica no deberían llevar más asistentes? Pongo un ejempl0 directo y reciente: Iron Maiden el 2009 tocó ante 60 mil personas en un Club Hípico llenísimo, donde había sólo entrada general y costaba 20 mil pesos. Dado ese antecedente, volvieron este año y se pensaba que habría aún más asistentes que la vez anterior, debido el fanatismo que hay en Chile por ellos, pero ahora las entradas valían entre 22 y 70 mil pesos. ¿El resultado? Casi 10 mil personas menos que el 2009 vieron anoche a Iron Maiden en el Estadio Nacional. Igual los vejetes han venido mucho últimamente, y eso también incide, pero a grandes rasgos en el caso de bienes como estos, y por un asunto de lógica de mercado, menor precio implica mayor consumo. Eso te lo enseñan en la primera media hora de la clase 1 de introducción a la economía, y no tiene sentido darle más vueltas.

No, no voy a escribir sobre McCartney, pero es obvio que se me ocurrió escribir esto por él.

Pero lo que tampoco consideró el  señor Goñi es que, más allá de utilizarlos como diferenciador de estatus social, también hay otros factores que inciden en el consumo de este tipo de espectáculos, como el tipo de música del que se trate, qué tanto mercado tiene en Chile esa música o los ciclos económicos (pues cuando hay crisis claro que este tipo de bienes pasa a un segundo plano y buscamos asegurar más bien lo básico, como comida y techo). Yo le creo que haya cierto sector del público consumidor de entradas VIP, golden, platinum, cobrem, aluminium que utilice los precios de las entradas de esa manera, pero hay muchos otros elementos que, con ese análisis convenientemente simplista, están siendo pasados por alto, y que es preciso considerar a la hora de hacer un análisis relativamente serio de este tema.

Por ejemplo, podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿qué tanta responsabilidad tiene en la decisión de los precios finales lo que el artista mismo tenga que decir al respecto? Es fácil tirarle caca únicamente a las productoras, pero por otro lado también están los artistas y grupos que vienen a Sudamérica a lucrar cuando ya nadie los pesca en el “primer mundo” (como esas bandas ochenteras que no sacan un disco decente hace 20 años y vienen a puro dar pena, PERO ACÁ IGUAL PAGAN POR ELLOS) y otros que vienen en pleno apogeo de su carrera y que no les importa en lo más mínimo lo que el público pague, sino sólo lo que ellos reciben finalmente, sin importar qué pase con el dinero en el camino y qué tajada se lleva la producción. Y están otros, los menos, que se preocupan hasta de los más mínimos detalles, y eso los distingue de los demás. Desde que supe que Trent Reznor había regulado los precios de las entradas a su show en Chile que lo respeto aún más que antes, porque pagué “míseras” 27 lucas por la famosa “cancha VIP”, y el show que trajeron fue realmente alucinante.

En suma, creo que por más que seamos anarquistas de internet reclamando hasta el hartazgo que las entradas están caras, si el artista en cuestión no está ni ahí con que comamos pan con margarina todo el año, no hay mucho que hacer. Y más aún, si las terminamos comprando igual, créame que a la productora le da lo mismo. Lo único que les importa son las cifras duras, no la opinión de un séquito de hueas con internet. Sonaría utópico y revolucionario al peo decir que no compren entradas cuando sientan que están excesivamente caras, pero lo que es caro o no es caro no sólo se mide por el dinero que cueste, sino además por el presupuesto con el que se cuente y además por el qué tan fanáticos seamos de la banda en cuestión (sumado a la sensatez, cosa que no todos conocen), por ende la valoración que le demos dependerá de cada uno. Y esto lo digo por experiencia propia: yo, sin lugar a dudas, pagué las 60 lucas del Maquinaria SÓLO por ver a Queens of the Stone Age y las 45 lucas de Rage Against the Machine SÓLO cuando se confirmó The Mars Volta, porque fui a verlos a ellos. Si en ambos casos me quedé a ver al resto de los grupos fue únicamente porque ya estaba ahí. Locura para algunos, felicidad para mí. Porque puta que es fácil decir “¿está caro? ¡no vayai entonces!”, pero cuando es un grupo que has esperado toda tu vida poder ver, no me parece prudente ser tan tajante. Después de todo, aquí también está implicado el fanatismo, el cual remite en último término al amor o cariño que le tengamos a la música en cuestión, y ya todos sabemos que en las cosas del amor la razón tiene poco que decir. Y esa es precisamente una de las fuentes de usufructo más canallas y efectivas con las que cuentan las productoras.

Finalmente, pondría mis fichas en una intervención del gobierno para regular decentemente este mercado, pero dada la orientación política del gobierno actual, procedo a meterme mis fichas silenciosamente en la raja.

Creo que este problema no tendrá una solución grata, sino que el mercado, por su propia lógica, se irá regulando hasta que los precios bajen. Lo que va a pasar, y de hecho ya está pasando, es que como vienen tantos artistas tan seguido, finalmente el mercado se va a saturar, no va a dar abasto y así vamos a terminar con espectáculos damnificados por la poca concurrencia de público y además, como ya está pasando, con entradas con miles de promociones de descuento e inclusive siendo rematadas 2×1. Lástima por quienes tengan que ir a espectáculos medio vacíos y sin onda, o por aquellos fanáticos de verdad que compran su entrada apenas salen a la venta por asegurarse y al final otros las terminan comprando a última hora a un tercio del precio que pagaron originalmente, pero son los costos que habrá que afrontar hasta que las productoras se peguen la ascurría. Sobre todo considerando que muchas veces las condiciones técnicas del servicio que prestan ni siquiera son las mejores.

Ya lo dice nuestro emblema patrio: por la razón, o la fuerza.

Saludos!

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10 responses to “¿Cueste lo que cueste? El precio que hay que pagar por un concierto en Chile.

  • triple

    Arribismo. Hay gente que sería capaz de comprar (y comer un mojón) con tal de aparentar status. (pcp)

    Eso es característico del arribista, no tener las papilas para discernir que es bueno o malo estética… (a veces hasta ética) …mente. Cuál es el único referente al cuál se pueden aferrar? La plata que cueste o que produzca.

    “Chucha. Es caro y gringo. Debe ser bueno” ,”Chucha esa escritora vende mucho. Deebe ser buena, premiémosla” ·Chucha, ese ejecutivo es bueno en su empresa, debe poder gobernar” , etc… Flayte po.

    Así como que te vendan una lata bebida de 300 a 10 lucas no te hace mejor tampoco lo eres si te cobran un ojo de la cara por un concierto ,aunque ganes 20 millones al mes, eres un idiota, te vieron la cara de webón.

  • Patricio Estrella

    A mí esto de McCartney la verdad que me sorprendió, pensé que las entradas iban a estar mas accesibles dado que los últimos eventos habían tenido precios razonables, me imaginé que la tendencia se iba a mantener. Por otro lado igual me extrañó que se haya dado la vuelta de nuevo después de su fallida presentación en el Nacional el año pasado, es raro que un artista se devuelva tan rápido después que ya pasó, bueno, ahora sabemos porqué: fucking money.
    Lo de maiden era de preverse ya que como tú bien dices han venido bien seguido, y lo mas importante fué que la vez anterior vino a tocar solamente clásicos y nada de promoción, eso, mas el valor de la entrada mas el tiempo de anticipación en que se pusieron a la venta catapultó a un Club Hípico prácticamente colapsado.
    También el hecho que Chile sea el ojo del huracán en cuanto a conciertos y euforia puede influir un poco, quizá eso podríamos de alguna manera ocuparlo a nuestro favor, caso mas que reciente, este fin de semana se filmaron dos DVD’s de conciertos con Motorhead el Sábado y Maiden el Domingo, o sea si somos tan buen público y fiel y aguerridos ¿porqué no se nos dá un favor y se rebajan los precios de los tickets?
    Sobre la industria no me quiero explayar pero concuerdo contigo que esto hay que regularlo, aunque siempre he pensado que donde hay demasiada plata hay una mafia detrás y con este gobierno mas me da para pensar aquello.
    Saludos Francisca.

  • Boo

    Es la economía, nada más simple. Hay una demanda y una oferta.

    Seguro que se sienten muy vivarachos por criticar al tipo que le da lo mismo pagar lo que sea por ir a un evento. Yo encuentro soberanamente subnormal pagar una luca por ir a un estadio a ver a 22 tarados corriendo detrás de la pelota, pero para otras personas es algo super importante en sus vidas. Uno paga lo que está dispuesto a pagar.

    La vida no es justa, me encantaría tener un Ferrari pero si no tengo plata para pagarlo mala cuea no más.Si bien podemos discutir el “derecho a la cultura”, no existe el “derecho a ver a X artista a menos de 10 lucas porque eso es lo que creo que vale”.

    Es difícil que una productora que cobre menos pueda competir con las otras. Creo que la solución más razonable es dar valor agregado: regalar merchandasing por la compra de la entrada, participar en sorteos weones o de frenton multiplicar el precio de la entrada por dos pero juntar a tres o mas bandas de igual nivel.

    • Fran

      El último punto que planteas, lo de los festivales o juntar varios grupos, desde hace un tiempo ya que viene siendo pensado como táctica, pero tampoco ha dado los mejores resultados. De hecho, por eso linkeé un artículo que nos recordaba que las entradas del Pepsi Fest se terminaron rematando 2×1, porque era tan poca la gente que estaba comprando las entradas a precio normal, que al lado de quedarse con el stock y recintos medio vacíos, prefirieron liquidar de frentón las entradas. Y eso que se publicitó como el medio evento, poco menos que algo nunca antes visto en Chile, y ahí tienes… y pal Lollapalooza también terminaron rematando las entradas 2×1 con ciertas marcas asociadas.
      Entonces no sé tampoco si el futuro es eso… lo otro que planteas como valor agregado no lo discuto, porque la verdad es que no tengo certeza sobre si son soluciones viables a largo plazo o no.

      Gracias por pasar y comentar!

      Saludos!

  • Boo

    Creo que no es el concepto de “festival” el equivocado, sino la aplicación. Creo que en Chile se mezclan grupos que poco tienen que ver y esa es la pifia.

    En algún momento corrió el rumor que Tool podía estar en el Lollapalooza (si es que así se escribe), y hubiese sido trágico, una mezcla nada que ver con el resto de los grupos. Pero el Big4 llena estadios con entradas caras. No es que los festivales sean malos en sí mismos, es que mezclan grupos que no tienen nada o muy poco que ver.

    Creo sho.

  • Felipe

    Puta la wea larga jjajaja.

    Yo creo que hay arribismo, pero en algunos conciertos, y sólo con una parte menor de la gente que va. Yo creo que es simplemente una muy buena lectura que hicieron las productoras del fan chileno, cuya demanda por conciertos es muy inelástica debido al endiosamiento existente y a la NECESIDAD DE ESTAR CERCA. Si tienes la plata…aunque te duela un coco la pagas porque es tu ídolo y es ahora o nunca. Ahí es donde se sustenta mayormente este negocio creo yo.

    Saludos!

  • PCP®

    Holis, Llegué acá por un comentario de LP y me encuentro con el Sr. Boo. Que internet mas enano!.

    No me referiré al tema, sólo responderé que el Sr. triple no tiene base alguna para poner de ejemplo y decir que mi pseudónimo “sería capaz de comprar (y comer un mojón) con tal de aparentar status”. Se refiere como “gente” a un nick que no representa en lo mas mínimo el pensar y actuar de la persona detrás. Eso quería dejar en claro.

    Saludos Fran y es bueno leer algo nuevamente.

  • FLan

    Y si realmente soy fan de un grupo voy a pagar lo que sea por verlos. sobretodo si puede ser la última oportunidad de verlos.

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