El Placer Culpable

Es extraño el fenómeno de los “placeres culpables”. Es extraño no sólo como fenómeno, es decir, el hecho de que hay música que te da vergüenza escucharla pero que igual te gusta, sino además etimológicamente hablando. En otras palabras, ¿quién chucha puede encontrar placer en la culpa? Un masoquista nomás, asumo.

El asunto es que la etiqueta “placer culpable” es una de las etiquetas musicales más fascinantes que se hayan inventado ever. Y no sólo porque con la música que agrupamos bajo dicha categoría nos caguemos de la risa ebrios a las 5 de la mañana cantando karaoke, sino además porque, me parece, es un muy buen ejemplo de las implicancias sociales que tiene la música.

Tal como ya comenté en el post sobre el merchandising, la música actúa como un soporte identitario, a tal punto que hoy el dicho ya no es “dime con quién andas y te diré quién eres”, sino de frentón es “dime QUÉ ESCUCHAS y te diré quién eres”. Y es que la música, en sí misma, aislada del contexto que la acompaña (OK, sé que eso es imposible, pero imaginémoslo un minuto) es inofensiva. Los que le damos una valoración puntual somos nosotros, dentro de nuestra cultura.

Al respecto, cabe destacar tres cosas, que me parecen sumamente atingentes:

1) El “placer culpable” es una invención de las élites culturales (o ciertos grupos que se sienten parte de ellas), y es una etiqueta excluyente e incluso inferiorizante. Yo jamás he escuchado a una persona de origen humilde y que escuche cumbia decir que para él es un “placer culpable” escuchar una canción de rock. Lo mismo un reggaetonero: a pesar de que es muy común hoy en día encontrar a reggaetoneros que configuran toda su estética y su entorno en relación a ese estilo de música, no nos vamos a encontrar con uno de ellos diciendo que para él es un “placer culpable” escuchar una canción de Miles Davis o de los Beatles. No está dentro de su léxico dicho concepto, ya sea porque no lo conocen, porque no les importa, o porque de frentón no les hace sentido. No lo usan.

2) Lo avergonzante en el “placer culpable” no es la música misma, sino aquello a lo que remite. No nos da vergüenza escuchar reggaeton, lo que nos da vergüenza es que crean que somos delincuentes y/o flaites. Y bueno, en el caso puntual del reggaeton, a muchos les desagrada, además, por las temáticas que utilizan en sus canciones (usualmente machistas y vejatorias contra la mujer), pero yo asumo que si estamos hablando de un “placer culpable” es porque el problema no está en escuchar esas canciones a solas (porque si lo haces, entonces el punto de las letras lo estás pasando por alto, igual lo disfrutas), el problema está en que tus pares te vean haciéndolo (en el entendido de que tus pares son unos sacohuea).

3) Lo “kitsch” es precisamente una manifestación de la institucionalización del “placer culpable”. Si existe una cultura de “lo kitsch” es precisamente porque ahí había un cúmulo de aprobación social latente, y terminó explotando como fenómeno. Por algo ha tenido tanto éxito: porque necesitaban tener un lugar donde poder dar rienda suelta a todos esos gustos avergonzantes sin tener que dar explicaciones ni escondiéndote de nadie.

En suma,el grado de placer que haya en una canción depende de qué tanto estimule tus sentidos, de qué tantas cosas te haga sentir, y el grado de culpabilidad depende de si eso que estás sintiendo es socialmente bien o mal visto. Y al decir “esto para mí es un placer culpable” estás automáticamente inferiorizando esa música y también lo que se asocia a ella. No te sientes culpable por escuchar a Beethoven, te sientes culpable por escuchar a Los Pibes Chorros. La exclusión es hacia abajo, no hacia arriba.

A mí, en lo personal, el concepto me desagrada. No suelo ocuparlo. O la hueá es placer o no es placer. Punto. Pero ¿placeres culpables? Andá a cagar. Ya está bueno que cada uno escuche lo que se le dé la gana, y que dejemos de preocuparnos un poquito por el “qué dirán” y todo eso. Nuevamente siento que debo apuntar mis dardos hacia el “rockero promedio”, en el sentido de que son éstos quienes más castigan a los que se salen de los cánones establecidos de “cómo ser un rockero true” y a quienes, no por casualidad, se les llama popularmente “talibanes”, porque transforman la música en una pseudo religión fundamentalista, donde no hay posibilidad de aceptar otras.

Ya si igual es divertido juntarte a escuchar esas canciones turris tomándote unos copetitos, pero qué penca es también poder disfrutar en paz de esa música sólo bajo la excusa de que estás ebrio, ¿no?

En fin, cosas que se me ocurren.

¿Y ud. tiene placeres culpables? Si es así, ¿cuáles? Comparta su opinión, no se le van a gastar los dedos.

Saludos!

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6 responses to “El Placer Culpable

  • Tanganathrash

    Siempre digo que Paramore es mi placer culpable pero no por que sea inferior musicalmente o nada, tampoco me da verguenza andar escuchandolo entre mis amigos, que de que me webean me webeean ajjaja, pero es un “tipo de música” que contrasta con lo que suele estar en mis listas de reproduccion, digase que pasa kreator, megadeth, pantera, Led Zeppelin,asdfgh y qwerty. Y asi como dices tu… no me da culpa escucharlo, no se como escucharia algo que me de culpa … seria algo asi como la musica que esta sonando mientras asesino a alguien y de lo que uego me arrepiento y al escuchar esa cancion me recuerdo del momento? JAJAAJa cuatico, no creo que pase tal cosa xd
    Asi que yo creo que el placer culpable es mas visto como algo que no “encaja” con lo que sueles escuchar todo el dia, o con lo que estas Etiquetado.

    Pd: La mayoria de las veces que escribo en algun lado mis ideas son como un vomito, asi que talves sea dificil de entender cual es mi punto xd
    Pd2: Tampoco creo que la etiqueta que se pone por escuchar cierta musica esté mal, despues de todo la musica te diferencia de otras, por tu forma de pensar o bla bla bla. Es como un poco ser Punk en los 70, si lo eras, conllevaba una serie de actos e ideales, una vida.

  • Jano

    Le pegas caleta a la escritura Fran, estaba leyendo el post de los placeres culpables y te encuentro razón, en el sentido en que si te dan placer, no tienen porqué provocarte sentimientos de cumpa. Yo he configurado toda mi existencia en torno al concepto del placer culpable, pero, como dices, es algo más o menos nuevo. Yo escuché música digamos, “seria” (en contraposición al placer culpable) hasta más o menos el año 2000 o un poco antes. Cuando empecé a descargar mp3, además de los incunables que siempre quise tener (Rick Wakeman o Brian Eno), también empecé a bajar música que sabía que estaba mal escuchar (La colorina de las Spice Girls, por ejemplo, o los A-Teens) pero que, en mi supina inconsciencia, me daba lo mismo. Ahora, la cosa es no pasarse tampoco de vivo y terminar como esos Dj que ponen música de monos animados ochenteros (eso si me repugna) pero, lo que empezó como un divertimento, ahora ocupa aproximadamente el 70% de la música de mi mp3. Aunque no sé si calificarlo como un guilty pleasure (Que es precisamente un disco que tengo en mi mp3, de la Babs Streissand con uno de los Bee Gees: vanguardista el hombre), porque lo relaciono más con la música que se escuchaba en mi casa cuando yo era chico. (Ahora le estoy dando duro al country) y es algo que, a estas alturas de mi vida; cuando los reactores están echando humo radioactivo que es un gusto y que los cuatro jinetes del Apocalipsis (Juan Antonio Labra, Wildo, Roberto Viking Valdés y Marcelo de Cachureos) están ensillando los caballos; lo encuentro mucho más honesto que andar matándose por el último disco a la moda, mientras más impronunciable y recóndito es, más shuper loco y possser termina siendo. A mí, dame un colchón de violines bien, pero bien groovy, un cantante a lo Charlie Rich, una letra melosa y déjame en un cómodo sillón, mirando por el porche de la casa el hongo atómico final. ¡Saludos Fran!

  • Felipe

    Buena columna, aunque cada vez más mesiánica fran. Tai a lo “Residente”.

    Respecto del tema, yo creo que más que el status social (me imagino que para algun tipo de pelotudos, los pelotudos cuicos- arribistas, eso debe aplicar), es el status de “la oreja” lo que determina el tema de los placeres culpables en el rockero taliban. O sea, escuchar reggeton es simplemente no “saber de música”, aunque ese juicio muchas veces vaya acompañado de ignorancia por parte del personaje en cuestión para calificar un determinado artista. Lo digo porque también, parte de los placeres culpables se encuentran dentro del mismo rock (sí, estoy pensando en mis queridos Limp Bizkit, aggro metal en general, emo HXC en general, y un largo etc.)

    No sé, creo que por ahí va el asunto.

    Guena guena columna

    • Fran

      Pero la idea es que hacís la distinción entre eso que te gusta y que todos saben y te sentís orgulloso y eso que te gusta pero te deja algo de vergüenza admitirlo. Entonces, la ‘distinción es hacia abajo, por eso mencioné que es algo como que tiene relación con el poder que se autoadjudica la élite cultural, pero no sólo the real élite, me refiero también a aquellos que se sienten parte de una cierta élite que los sitúa en una especie de lugar superior (loh rockeroh talibaneh), y eso pasa con los metaleros más flaites hasta los metaleros más podridos en plata. Aún dentro del rock: el talibán que discrimina a Limp Bizkit y quienes los escuchan lo hace considerándolos como inferiores poh.
      A lo mejor si hubiese seguido hilvanando dentro del tema hubiese llegado a lo que decís tú, que comparto y es una especificación re interesante a la cuestión de esta especie de estatus del que hablé. Podría ser el punto 4! jajaja

      Gracias, saludos campeón!

  • CRYPY

    Mi placer culpable son las canciones de George Michael. Lo dije y que.

  • 3s

    Como bien dices la música existe en función del placer, entonces que fuese culpable debiese ser irrelevante. Ahora bien, pq chucha nos acompleja?

    Otra observación. Estoy seguro que si Mike Patton ,por ejemplo ,hubiera compuesto la canción de la gasolina todos sus chupapenes la hubiesen vacilado igual?

    Suena obvio pero la música es subjetiva y se busca hiperclasificar como si fuera algo objetivo. Se busca proyectar un yo soy algo por escuchar eso, mírenme. Hay cierta obsesión con el parecer más que con el sentir, y eso está mal.

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